El libro ‘Borges y México’ homenajea al escritor argentino

El autor argentino Jorge Luis Borges pasó buena parte de su vida en México, un país que desde su primera visita le cautivó. Veintiséis años después de su muerte, la capital mexicana quiere rendirle homenaje de la mejor manera posible: con la publicación del libro “Borges y México”, una novela que da testimonio de la huella que el escritor dejó durante los años que pasó en el país que gobierna Felipe Calderón.

“Borges y México” recopila los cuentos, poemas y ensayos en los que México se sitúa como centro de su obra. Además, se incluyen los textos que Borges, uno de los escritores más universales de las letras hispánicas, redactó sobre más de una veintena de autores mexicanos de talla internacional como Carlos Fuentes, fallecido hace tan solo tres meses, u Octavio Paz entre otros.

“Borges y México” es, en definitiva, un libro que muestra las aportaciones que el argentino hizo a la literatura, aportaciones que provocaron que muchos lectores se acercaran para conocer de cerca ese mundo tan inmenso de las letras. “La primera vez que leí a Borges me dejó impresionado. Tenía que conocerlo”, asegura el editor de la publicación, ensayista e investigador Miguel Capistrán.

El país sudamericano no solo le rinde homenaje con la publicación del libro sino que, desde hoy, Ciudad de México cuenta con la exposición “Borges en México: crónica visual y literaria”, un espacio cultural que forma parte del ciclo de actividades que se están realizando sobre el escritor argentino.

Borges y su amor por México


El escritor argentino Jorge Luis Borges visitó México por primera vez en 1973, época en la que fue a recoger el Premio Internacional Alfonso Reyes. Desde entonces, el país sudamericano le cautivó y no dudó en colocar a México como centro de su obra.

Miguel Capistrán recuerda su primer encuentro con Borges como una anécdota. Al historiador se le ocurrió compartir su sorpresa acerca de que el nombre de la calle en la que estaba situada la biblioteca, “México” estuviera escrita “con x y no con j”, a lo que Borges, como prueba de su “ingenio”, le contestó que así era por petición expresa del “embaxador”.




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