Inicios humildes para grandes historias

Numerosos autores saltan a la palestra literaria después de conseguir un gran éxito con alguna de sus obras. Sin embargo, ¿se sabe a qué se dedicaban los escritores antes de ganarse un hueco en el mundo de las letras? Uno de los casos más paradigmáticos lo centra el autor Arthur Conan Doyle, quien fue cirujano a bordo de un barco ballenero antes de comenzar su andadura por la literatura. En 1880, durante su periplo en la mar, redactó un diario en que se contaba paso a paso las aventuras que se vivían en el Hope. Ahora, ciento treinta años después, los descendientes del escocés han decidido sacarlo a la luz, hacerlo público para que todos los lectores puedan disfrutar de este gran descubrimiento. 

Pero las curiosidades que envuelven a  Arthur Conan van más allá. ¿Sabes en quién se fijó para crear a Sherlock Holmes? El escritor tuvo numerosas inspiraciones pero se considera que el principal personaje en el que se basó para crear al famoso detective fue un profesor universitario llamado Joseph Bell. Debido al éxito logrado, Arthur le envió una carta agradeciéndole su ayuda: “Sin duda, es a usted al que le debo el personaje de Sherlock Holmes (…) Alrededor de la deducción y observación que usted inculca he tratado de construir un hombre”.

Sin embargo, este no es el único autor que está envuelto en peculiaridades. El escritor Lewis Carroll redactó “Alicia en el País de las Maravillas”, una de sus mejores novelas, espontáneamente. El autor británico, mientras cuidaba a las hijas de uno de sus amigos, improvisó una historia para mantenerlas entretenidas. A ellas les gustó tanto que le pidieron una copia escrita. Lo que no sabía Carroll es que tiempo después, ese cuento al que nombró “Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas” se convertiría en una de las mejores novelas de la historia.  

Jack London, creador de grandes relatos como “Colmillo Blanco” o “La llamada de lo salvaje”, dedicó gran parte de su vida a buscar oro. En aquella época se estaba viviendo “la fiebre del oro”, un periodo en el que los trabajadores emigraban a zonas rurales en busca de yacimientos del preciado mineral. Sin embargo, London no tuvo un buen recuerdo de todo ello: enfermó de escorbuto, se le inflamó la cara, perdió cuatro dientes y sufrió graves dolores musculares. Por suerte, un sacerdote jesuita lo salvó. De no ser así, la literatura universal habría perdido a una de las plumas más poderosas.

Por último, merece una mención destacada el escritor inglés Charles Dickens. En sus inicios, sus escritos aparecen firmados con el seudónimo “Boz”. Pero, ¿por qué? Un redactor le ofreció trabajar en su periódico para que hiciera crónicas de lo que pasaba en la vida cotidiana del ciudadano medio. Sin embargo, Dickens para no perder su trabajo como cronista parlamentario decidió firmar bajo el seudónimo de “Boz” los artículos que hacían referencia a la sociedad londinense. De todos ellos nació su primer libro. 




Noticias Relacionadas


Autores Relacionados





Libros Relacionados